Durante el embarazo se producen una serie de cambios en la mujer para los cuales necesita adaptar su alimentación y que ésta cubra todas sus nuevas necesidades. El más llamativo de estos cambios es la ganancia de peso, unos 12-14kg.
El metabolismo basal se reduce, el volumen sanguíneo se expande en un 50% por
lo que disminuyen los niveles de hemoglobina y de albúmina. La tensión arterial
disminuye debido a una vasodilatación y se necesita mayor cantidad de oxígeno.
Las necesidades de nutrientes en el embarazo deben ser consideradas por el
ginecólogo para cada mujer.
Teniendo esto presente podemos hablar sobre cada nutriente y su aportación
concreta. Al ser la glucosa una sustancia que
atraviesa con mucha facilidad la placenta, se producen con mucha frecuencia
hipoglucemias. Esto se puede evitar con una adecuada distribución de los
alimentos ricos en hidratos de carbono a lo largo del día.
La necesidad de lípidos es mayor en la primera mitad
del embarazo en la que también hay una mayor tendencia a su consumo, esto se
explica porque son necesarios para la formación de las membranas celulares en
el feto.
También se requiere un aporte adicional de proteínas
pues son necesarias para el desarrollo del feto, de la placenta, para el
aumento del volumen sanguíneo y el crecimiento de algunas estructuras. Este
aporte se consigue con una ración de carne más diaria.
Al igual que en la adolescencia, el aporte de hierro, calcio y zinc debe ser mayor. En cuanto a las vitaminas, las más importantes son la A (para el desarrollo fetal), la D (esencial para el metabolismo del calcio), la K (relacionada con los problemas hemorrágicos del feto), la B1, B2, B6 y el ácido fólico. Con ésta se ha detectado niveles muy bajos en el embarazo por lo que pueden ser cubiertos con una ingesta adicional de 200-300 microgramos por día.