En concreto, hablamos de infertilidad cuando una pareja no puede llevar un embarazo a término. Esto implica que tener un niño será más difícil para ellos, pero no imposible. Mientras que la esterilidad implica que la pareja no puede concebir hijos.
Ambas situaciones se suelen clasificar en primaria o secundaria dependiendo de si la pareja ha tenido antes algún hijo o no. En general, alrededor del 80% de las parejas con problemas para concebir logrará un embarazo en el primer año y cerca del 90% lo hará durante el segundo.
La concepción natural depende de que la ovulación sea satisfactoria, de que el esperma sea de buena calidad y de que éste y el óvulo sean trasportados correctamente a través del aparato reproductor femenino hasta el lugar de nidación en la pared del útero. Además, el sistema endocrino (hormonas), el coito y el estado de salud de la pareja influyen igualmente en que el proceso de la concepción sea un éxito.
La infertilidad afecta tanto a hombres como a mujeres. Ellas suelen ser responsables del 40% de los casos de infertilidad en las parejas. Los motivos por los que una mujer no es fértil varían desde los físicos hasta los emocionales. Las principales causas son:
Generalmente se reflejan en una ausencia de menstruación (amenorrea) o irregularidad de la misma y suelen estar provocadas por alteraciones hormonales. Lo más frecuente es que la mujer no ovule.
La anovulación (no ovulación) se puede producir por diferentes causas. Porque el ovario no esté suficientemente estimulado debido a un déficit de hormonas gonadotropinas (FSH y LH) que hace que los óvulos no maduren normalmente. Este déficit se debe a problemas en el hipotálamo o en la hipófisis -las glándulas que secretan estas hormonas- y provoca una anovulación crónica.
Un aumento de prolactina o alteraciones del tiroides también puede afectar a la ovulación. El estilo de vida, el estrés, la alimentación o la práctica muy intensa de ciertos deportes también pueden alterar el equilibrio hormonal femenino.
El también llamado síndrome de Stein-Leventhal es un trastorno que se caracteriza por un mal funcionamiento de los ovarios y por niveles excesivamente elevados de andrógenos (hormonas sexuales masculinas). La disfunción ovárica suele producirse por la presencia de numerosos quistes en estos órganos (de ahí su nombre) que provocan un aumento de su tamaño.
Existen diversas teorías para explicar este trastorno. La causa más probable parece ser un problema en la síntesis de estrógenos y andrógenos y en las señales que envía el ovario al hipotálamo.
Los síntomas más frecuentes son amenorrea u oligomenorrea, aumento del vello corporal (hirsutismo), que aparece en regiones típicamente masculinas, sobre todo en pecho y cara, y acné. En ocasiones se producen hemorragias vaginales irregulares y copiosas. Estos síntomas suelen aparecer durante la pubertad.
El síndrome se presenta frecuentemente en mujeres con sobrepeso u obesidad, colectivo en el que la prevalencia de esta alteración es mucho más elevada (28,3%) que entre las chicas con un peso normal (6,5%) o delgadas (5,5%).
Además de estos factores, existen otros que se asocian frecuentemente con el SOP, como el síndrome metabólico, que incrementa el riesgo cardiovascular, y la resistencia a la insulina, que predispone para el desarrollo de diabetes tipo 2.
Además de los tratamientos farmacológicos o quirúrgicos indicados en cada caso, es recomendable modificar algunas costumbres para lograr un estilo de vida lo más saludable posible. En este sentido, lograr una dieta sana, supervisada por un nutricionista, ayuda a combatir el sobrepeso y a disminuir la ingesta de glucosa.
El ejercicio ayuda a reducir el hiperandrogenismo, el hiperinsulinismo, a bajar el peso y a mejorar los síntomas de este trastorno.
En la mayor parte de los casos esta enfermedad cursa con una falta total de ovulación, lo que imposibilita un embarazo. Pero con el tratamiento adecuado, un 85% de mujeres con ovario poliquístico puede ovular de forma espontánea con este tratamiento y por lo tanto pueden tener un embarazo de forma natural.
La terapia suele consistir en metformina y clomifeno por vía oral, pero no existe un tratamiento ideal por lo que este variará en cada caso por lo que es importante que un ginecólogo evalúe la situación.
El desarrollo o funcionamiento anormal del útero puede impedir que se produzca la fecundación. Los problemas pueden ser traumáticos, quirúrgicos, infecciosos o provocados por malformaciones.
El principal factor predisponente es el embarazo y el parto, aunque hay otros factores causales como los traumatismos uterinos, las intervenciones quirúrgicas que afectan al útero, agentes físicos o químicos e infecciones uterinas por tuberculosis o esquistosomiasis.
Las adherencias pueden cerrar total o parcialmente la cavidad endometrial, el orificio cervical interno, el canal cervical o combinaciones de estas áreas, lo que puede dar lugar a acumulación de sangre o líquido menstrual en la cavidad uterina, aunque en casos ocasionales. La infertilidad, una de las complicaciones más importantes de este síndrome, puede ser corregida en aproximadamente el 70-80% de los casos.
Los síntomas comienzan después de la menstruación y se caracterizan por dolor en la parte inferior del abdomen cada vez más intenso, que puede acompañarse de náuseas y vómitos. Al principio muchas mujeres sólo tienen fiebre poco elevada, dolor abdominal moderado, hemorragias irregulares y una secreción vaginal escasa. A medida que progresa la enfermedad la fiebre aumenta y una secreción purulenta es expulsada por la vagina.
Normalmente la secreción obstruye las trompas que se inflaman debido al líquido atrapado en su interior. Esto puede ocasionar dolor crónico, hemorragia menstrual irregular e infertilidad. Los microorganismos que provocan comúnmente esta infección son bien aquellos que forman normalmente parte de la flora bacteriana de la vagina o bien los responsables de alguna enfermedad de transmisión sexual que se extiende, principalmente la ´Neisseria gonorrhoeae´ y la ´Chlamydia trachomatis´.
Pueden impedir la concepción o provocar la pérdida del embarazo.
El problema aparece cuando una mujer Rh negativo concibe un hijo Rh+. El cuerpo materno, al no reconocer el factor presente en los eritrocitos del feto, genera anticuerpos contra estas células para destruirlas.
Esto sucede si la sangre de la madre y el feto entran en contacto, algo que puede ocurrir en los últimos días del embarazo o durante el parto. La destrucción de los glóbulos rojos puede desembocar en una anemia hemolítica del niño.
Lo normal es que en el primer embarazo de una mujer Rh negativo no surja ningún problema. Pero en los embarazos siguientes, al acumularse los anticuerpos de los anteriores, el ataque del sistema inmune de la madre se origina antes y con mayor intensidad, provocando un daño mayor a ese feto.
Se trata de la desaparición de la menstruación debido a un mal funcionamiento de las señales que, desde el hipotálamo y la hipófisis, controlan la ovulación. Las mujeres que padecen este trastorno no tienen anomalías estructurales ni hormonales que lo expliquen y suelen tener bajo peso o trastornos de la alimentación (anorexia), ser atléticas, con cargos de responsabilidad en el trabajo o expuestas a una vida estresante.
Aunque no se conoce exactamente qué mecanismos provocan el cese de la menstruación, parece que algún tipo de señal enviada al cerebro alertando de que los niveles de energía son bajos podría estar tras él.
El análisis de las hormonas de las mujeres que padecen este trastorno revela normalmente una reducción en la secreción de la gonadotropina (hormona secretada por la hipófisis que controla la secreción de las hormonas sexuales) y una disminución de las concentraciones de estradiol (un estrógeno) durante la fase folicular del ciclo menstrual. El cortisol, que se expresa en situaciones de estrés, suele estar elevado y las hormonas tiroideas suprimidas.
Aunque el 70% de las mujeres con AFH se recupera sin seguir terapia alguna, el tiempo de espera puede ser muy largo. Los tratamientos estudiados hasta el momento señalan que el aumento de peso, la reducción de los niveles de estrés y la recuperación de concentraciones de estrógenos normales se asocian con la restauración de la ovulación y la menstruación en un alto porcentaje de las mujeres.
Este proceso consiste en estimular los ovarios con hormonas, extraer los ovocitos liberados, inseminarlos, cultivar los embriones en el laboratorio y transferirlos al útero. También existe la posibilidad de congelarlos para emplearlos cuando sea necesario.
Esta técnica consiste en colocar de forma artificial el semen en el interior del útero de la mujer. El proceso consta de tres fases:
Suele emplearse en casos en los que la calidad del semen es muy mala. Sólo se necesita un espermatozoide vivo que es inyectado en el ovocito en el laboratorio. Las posibilidades de éxito son similares a las de la fecundación in vitro y se emplea en parejas en las que el hombre tiene problemas de fertilidad.
Cuando las pacientes tienen algún tipo de problema con sus óvulos y por este motivo no logran quedarse embarazadas, existe la posibilidad de que lo consigan mediante la donación de ovocitos. Lo único necesario es que sigan un tratamiento para que su útero pueda recibir a los embriones transferidos.
Diana Dice:
Publicado el 13 de Setiembre del 2008