El cáncer de vejiga se produce cuando se
desarrollan células malignas que recubren el revestimiento de este órgano.
La orina pasa de los riñones a la vejiga a través de los uréteres que tienen
forma de tubo.
La vejiga es una estructura circular musculosa
que se abre para dejar paso a la orina. Va adaptando su tamaño a medida que se
incrementa el volumen de orina y cuando se llena, envía señales nerviosas al
cerebro que transmite la necesidad de orinar.
El cáncer de vejiga es más frecuente en el hombre que en la mujer, como tres
veces más.
El cáncer de vejiga representa el 2% de todos
los cánceres. Es más frecuente en los países industrializados.
Hasta ahora el patrón habitual de la persona con cáncer de vejiga era un varón
de más de 50 años, fumador habitual y trabajador en industrias que utilizan
componentes cancerígenos como la pintura, caucho, imprentas, etc. Esto puede
estar cambiando con la incorporación de la mujer al hábito de fumar.
Las causas del cáncer de vejiga no son
conocidas. Se piensa que un cúmulo de determinados factores hace que se
produzcan las células malignas.
Entre estos factores destacan:
+ El consumo de tabaco que es el factor de riesgo individual más fuerte y la
causa subyacente de al menos la mitad de todos los casos.
+ La exposición a determinadas sustancias industriales como disolventes y
colorantes.
+ Algunos trabajos que requieren la exposición o el contacto con determinadas
sustancias o materiales como son los tintes y aceites industriales, la
industria textil, cuero, caucho, pintores, industrias químicas y trabajadores
del aluminio.
+ La esquistosomiasis, una infestación producida por parásitos, produce una
irritación crónica en la vejiga que puede originar un cáncer.
+ Las infecciones urinarias repetidas producen una irritación de la pared de la
vejiga que parece que puede ocasionar cáncer.
No existe una sintomatología específica en el
cáncer de vejiga aunque la mayor parte de las veces se detecta por la presencia
de sangre en la orina.
A veces la sangre no se ve en la orina pero se puede confirmar su presencia con
un examen microscópico rutinario de orina.
Otras manifestaciones que pueden
aparecer son:
Escozor o dolor durante la micción y la necesidad urgente y frecuente de
orinar. Estos síntomas son muy parecidos a los de una simple infección de
orina. Incluso pueden surgir juntas estas dos alteraciones, la infección y el
cáncer. Se sospechará de cáncer de vejiga cuando no mejoren los síntomas de la
infección de orina tras someterse a un tratamiento antibiótico.
También se pueden dar síntomas obstructivos que pueden llegar a la no emisión
de orina.
Para el diagnóstico
se precisa de las siguientes pruebas:
La citología o examen microscópico de la orina
puede detectar la presencia en ella de sangre y células anormales.
La ecografía abdominal permite valorar la presencia
de un tumor en la vejiga, localizarlo, comprobar su tamaño y si existe
obstrucción en la vejiga.
Una cistoscopia consiste en introducir un endoscopio
(tubo con una lámpara eléctrica y un sistema óptico) en el interior de la
vejiga, a través de la uretra, para visualizarla. Con esta prueba se visualiza
directamente el tumor, su tamaño y situación. Se pueden tomar muestras del
tejido de la vejiga distante al tumor, del tumor y de la orina para ver si
contiene células cancerosas. Una vez, que se confirma el diagnóstico, tras la
biopsia realizada por el patólogo, se puede extraer el tumor por completo y una
zona de la vejiga.
La tomografía computarizada consiste en una
emisión de rayos X desde distintas perspectivas y con la que se puede observar
todo el cuerpo. Esta prueba es útil para comprobar la extensión del cáncer a
otras zonas.