El arte de la edad media (que se desarrolló fuera del Imperio
bizantino y dentro de lo que eran las fronteras del norte del mundo romano)
puede clasificarse según sus rasgos estilísticos distintivos. El arte celta,
que floreció entre los siglos V y IX en los monasterios de diferentes zonas de
las islas Británicas, se basaba sobre todo en intrincados dibujos caligráficos.
Se realizaron manuscritos miniados muy decorados, como los Evangelios de
Lindisfarne (c. 698-721, Museo Británico, Londres), con elaborados motivos
lineales, planos, en los que se combinan elementos celtas y germánicos. En el
periodo románico, durante los siglos XI y XII, los manuscritos del norte de
Europa no denotaban ningún estilo concreto; algunas iluminaciones eran de
inspiración clásica, mientras que otras señalaban un nuevo estilo de dibujo,
enérgico y muy acusado (véase Románico). En el periodo gótico que siguió, desde
fin del siglo XII hasta el comienzo del renacimiento italiano, se introdujo un
gran repertorio de medios técnicos, y la pintura dejó de ser exclusiva de los
monasterios.
Durante el principio del periodo gótico, la estructura de las
catedrales concedía mayor importancia a las ventanas, por lo que las vidrieras
desempeñaron un papel más prominente en el arte que los manuscritos miniados.
Los artistas laicos instalaron sus talleres en París y en otros centros
importantes, produciendo elaborados manuscritos miniados para los clientes
reales. Hasta nosotros han llegado pinturas de temas seglares realizadas en
aquel periodo, sobre todo en Italia. En el Palazzo Pubblico de Siena, Ambrogio
Lorenzetti pintó unos frescos, entre 1338 y 1339, que representan la vida
ciudadana y campesina del siglo XIV, y en la sala del consejo del ayuntamiento
se conserva un retrato ecuestre, pintado por Simone Martini en el que aparece
un héroe militar local, con su campamento como telón de fondo. Véase Gótico
(arte y arquitectura).
La fusión de las tradiciones artísticas del norte de Europa y de Italia que tuvo lugar a principios del siglo XV, se conoce como estilo gótico internacional. Entre las muchas características que definen la pintura de este periodo se encuentra la exquisita atención a los detalles, que denota una perspicaz observación de los seres humanos y de la naturaleza por parte del pintor. A principios de la década de 1400, los hermanos Limbourg se trasladaron de Flandes a Francia; allí, por encargo de Jean de France, duque de Berry, crearon el magnífico libro de horas Las muy ricas horas del duque de Berry (1413-1416, Museo Condé, Chantilly, Francia). Es una de las obras más importantes del estilo gótico internacional y sus páginas de calendario retratan la vida campesina y la de la nobleza; constituye un brillante documento sobre el vestido, actividades y arquitectura de la época. Aunque se trata de ilustraciones a toda página, las figuras son pequeñas y tienen que compartir la atención del lector con otras imágenes.
Por contraste, unos 100 años antes que los hermanos Limbourg, el
pintor italiano Giotto había conferido a la figura humana un tamaño y dignidad
monumentales, haciéndola protagonista de la historia. Con su obra revolucionó
la pintura italiana, y sus descubrimientos, junto con los de otros artistas,
terminaron por influir en la pintura del norte. En la capilla de la Arena, en Padua, se
conservan los soberbios frescos pintados por Giotto, entre 1305 y 1306, sobre
las vidas de Jesús y de la
Virgen. El artista pintó también retablos de madera de gran
formato, como otros muchos pintores del fin de la época medieval.