Otra civilización impactante y esplendorosa
que brilló en Mesoamérica durante el horizonte clásico fue la cultura maya.
Aunque hay vestigios de asentamientos en la península de Yucatán desde épocas
muy tempranas, en el preclásico se consolida un verdadero estilo maya en arte y
arquitectura. En el Petén surgió la cerámica Chicanel y se empiezan a construir
tumbas con techos abovedados en Tikal y Holmul, cuyos elementos evidencian la
importancia de la actividad ceremonial y el estatus. Hacia el final de este
horizonte se generaliza en la zona maya la arquitectura abovedada, las
inscripciones ceremoniales y la cerámica polícroma.
La cultura maya se desarrolló en el territorio que hoy comprende los países de
Honduras, Belice y el norte de Guatemala, así como los estados mexicanos de
Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
A diferencia de las ciudades teotihuacanas, los edificios construidos por los
mayas, no tenían por objeto principal albergar a la población, sino ejercitar
la observación astronómica. En ellos sólo vivían los sacerdotes, gobernantes y
guerreros. Los principales desarrollos mayas del horizonte clásico son Tikal,
Cobá, Kabah, Uxmal, Palenque, Xpuhil, Yaxchilán, Copán y Bonampak. Ahí se puede
apreciar el uso de la bóveda falsa, la cual fue un avance importantísimo para
la arquitectura y un rasgo muy distintivo de la cultura maya. Casi como una
constante dentro del área, encontramos amplios patios alrededor de los cuales
construyeron templos, observatorios y juegos de pelota con una armonía
sorprendente; además, los bajorrelieves y las decoraciones con estuco, dan a
los centros mayas un atractivo impresionante aun en la actualidad. Existen, sin
embargo, diferencias en el tipo de construcciones que caracterizan a cada
lugar; por ejemplo, mientras que el rasgo distintivo de Tikal es la esbeltez de
sus templos, sus empinadas escaleras y las cresterías que rematan sus techos,
en Palenque encontramos el arte escultórico más realista y refinado de la
cultura maya.
Si bien la cultura maya tiene características generales más o menos homogéneas,
cada uno de los estados tuvo un desarrollo independiente con un gobierno propio
ubicado en la ciudad principal. A diferencia de lo que sucedió en otras partes
de Mesoamérica, los estados mayas del clásico parecen haber tenido relaciones
menos cordiales entre sí. Las estelas, los murales de Bonampak, las
inscripciones (por ejemplo en Yaxchilán, Piedras Negras y otros sitios) dan
cuenta de dinastías de señores guerreros que se arrojaban sobre los señoríos
vecinos para incorporarlos a su dominio, o que procuraban evitar sufrir la
misma suerte mediante alianzas matrimoniales.
Los mayas tenían un dios supremo, a quien no representaban y al que llamaban
Hunab-Ku. Además rendían culto a otras deidades, semejantes a las de toda el
área mesoamericana, propias de los pueblos agrícolas. Las principales eran el
dios de la tierra, el del sol (Kinich Ahau), el de la lluvia (Chaac), el del
maíz (Yum Kax), el del cielo (Tzamná), el de la muerte (Ah Puch) y el del
viento (Kukulkán). Como todo pueblo religioso, los mayas practicaban una serie
de ritos (individuales o colectivos) que formaban parte de la cotidianidad de
la población, y que se practicaban en los lugares contiguos a los templos. Lo
mismo que en otras áreas de Mesoamérica, los mayas practicaron los sacrificios
y autosacrificios, y veneraban a sus dioses mediante oraciones y ofrendas.
En cada uno de los estados mayas, había un gobernante u “hombre-dios”, que era
conocido como halach-uinic y que habitaba en la ciudad más importante del
estado. El halach-uinic legaba el poder a sus descendientes y se piensa que en
sus orígenes debió haber sido un sacerdote. Para auxiliar a este gobernante en
cada una de las ciudades existía un batab, que se encargaba de mantener el
orden y de seguir las instrucciones dadas por el hombre-dios supremo de todo el
estado. Abajo de estos dos jerarcas había toda una burocracia, con una jerarquía
privilegiada, que manejaba los diferentes rubros de la administración.
Además de sus avanzados conocimientos astronómicos, que los llevaron a conocer
el ciclo lunar y solar, los mayas perfeccionaron los conocimientos olmecas de
las matemáticas y el calendario, y gracias a esto tuvieron un conocimiento muy
preciso sobre las estaciones, los eclipses y los días del año. Su sistema de
cálculo largo, en el que se procedía multiplicando por 20, los acercó al
concepto de infinito. Todos sus conocimientos los aplicaron en su vida diaria
mejorando con esto las cosechas y aprovechando al máximo los recursos
naturales. Se cree que los mayas crearon redes de canales que les permitían
optimizar el uso de sus recursos hidráulicos mejorando en consecuencia los
cultivos (maíz, frijol, calabaza, chile, tomate, cacao, chayote, tubérculos,
henequén y tabaco). El uso del henequén les permitió hacer diversas prendas
como sacos, bolsas, canastos e incluso suelas de sandalias. Los troncos de los
árboles los aprovechaban para construir casas, herramientas y papel.
Se ignoran las causas por lo que se derrumbó del imperio maya, al igual que
sucedió en Teotihuacán. Existen diversas hipótesis que pretenden explicar la
razón por la que las ciudades fueron abandonadas hacia el siglo IX,
dirigiéndose sus pobladores tal vez a las tierras altas de Chiapas y Guatemala
o a las bajas de Yucatán. Una crisis política, un descenso brusco en la
producción de alimentos o quizás invasiones bélicas de extranjeros pudieron
incidir en la desaparición del imperio maya.