El Imperio Antiguo de Egipto es dominado por las dinastías III a VI, abarca los cinco siglos comprendidos entre los años 2755 y 2255 a.C. Hacia el año 3100 a.C. el país se unificó bajo el mando de poderosos caudillos del sur, pero la idea de un Egipto dividido en dos zonas bien diferenciadas (Alto Egipto al sur y Bajo Egipto al norte) persistió durante algún tiempo. Es la época conocida como tinita, dominada por las dinastías I y II, y en ella destaca el rey Narmer (algunos historiadores lo identifican con el rey Menes), artífice de la unificación y fundador de la I Dinastía. En la Paleta de Narmer (c. 3100 a.C., Museo Arqueológico de El Cairo), en piedra tallada, se puede ver al propio faraón portando la corona del sur y subyugando a las gentes del norte, con dos animales entrelazados que significan la unificación de las dos zonas de Egipto bajo el mando único del faraón.
Durante las primeras dinastías se
construyeron importantes complejos funerarios para los faraones en Abidos y
Saqqara, a imitación de los palacios y templos (la tumba era una síntesis de la
noción de templo y de mansión privada).
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Desde las primeras figuras de arcilla, hueso y marfil del
periodo predinástico, la escultura egipcia se desarrolló con gran rapidez.
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En la cerámica, la rica decoración del
periodo predinástico se reemplazó por bellas piezas no decoradas, de
superficies pulimentadas y dentro de una gran variedad de formas y modelos
destinados a servir de objetos para uso cotidiano.
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