El cuerpo humano emplea la energía en tres
tipos de funciones:
+ Mantenimiento: se requiere de una energía mínima para mantener el
organismo vivo y que realice sus funciones básicas, en ayunas y sin realizar
ninguna actividad física. A esto es a lo que se le llama metabolismo basal, que
es distinto según la edad, el peso y el sexo de la persona.
Esta mínima cantidad de energía se emplea para fabricar proteínas y reponer las
que perdemos diariamente; también la necesitamos para que funcionen todos los
órganos del cuerpo.
+ La actividad física: al realizar cualquier actividad física se aumenta
el consumo de oxígeno y, por tanto, la necesidad de energía. Los trabajos más
duros y físicamente pesados requieren de más energía.
Si habitualmente no realizamos ningún deporte o nuestro trabajo es sedentario,
necesitaremos menos kilocalorías en nuestra dieta.
+ El efecto térmico de los alimentos: en cada comida se produce un
aumento de la necesidad de energía, pues ésta se precisa para realizar la
digestión y la transformación de los alimentos. Estos procesos representan un
10% del gasto total de kilocalorías. Hay que tener en cuenta que el consumo de
energía varía con la edad y que se necesitan menos kilocalorías a medida que
los años aumentan. Otros factores que influyen son el sexo (las mujeres
necesitan menos aporte de calorías que los hombres); el clima (con el calor se
consume menos energía); las situaciones de estrés y ansiedad (se aumenta el
consumo de oxígeno y el gasto energético).